En 1998 durante la Conferencia Mundial de la
Educación Superior, la UNESCO hizo
énfasis al afirmar que “si se carece de instituciones de educación superior e
investigación que formen una masa crítica de personas cualificadas y cultas,
ningún país podrá garantizar un auténtico desarrollo sostenible y el mejoramiento
continuo de la sociedad”. En este sentido, la gerencia académica tiene un papel
fundamental en la actual conducción de las instituciones de este orden, por
cuanto su misión se basa en asegurar la enseñanza y formación de calidad,
aportando respuestas ante las necesidades de la comunidad.
Para
ello, debe ejercer la práctica de las funciones administrativas, pero
consciente de que estas funciones van
más allá del manejo de un personal, unos recursos y una nómina; implica mantener contacto con todos los
actores de la institución, personal administrativo, docentes y alumnos. Abarca el
manejo de la tecnología y conocimiento del área legal.
De esta manera, la gerencia de las
instituciones de educación superior es responsable y está totalmente vinculada a
la calidad del desempeño organizacional, es decir, que de ella depende en gran
medida la eficiencia del producto educativo, o lo que se sería la calidad
educativa.
En
esta misma medida, comprende también, la necesidad de un director-líder, con un
manejo flexible y abierto de la organización pero que del mismo modo sepa como ejerce
su autoridad y control en todos los niveles que la conforman.
En esta era, la gerencia académica tiene
un gran reto, por cuanto se concibe a la educación como la herramienta para
generar el avance de las sociedades. Sin ella, no sería posible el auge
productivo y por ende, el progreso de una nación. Es allí donde la dirección
educativa debe guiar su papel hacia el logro de los objetivos de la
organización, que en forma generalizada para cualquier institución de educación
superior versa en la formación de un individuo ético y apto ante las
expectativas y necesidades de la sociedad.


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