El tema de los valores éticos y la gestión educativa, a partir
de una revisión teórica que pretende relacionar a la ética con el contexto
educativo para interpretar y reflexionar sobre la crisis de valores como una
amenaza que a través de una orientación ética puedan generar cambios y
transformación en la vida moral del hombre y convertirse en una oportunidad
para que éste delibere, tome decisiones y actúe como un sujeto moral
articulando los valores en los procesos de transformación de la sociedad con
verdadero sentido de justicia, compromiso, respeto y responsabilidad convencida.
En un
mundo globalizado y altamente competitivo como el de nuestros días, se requiere
una recontextualización de la educación que tome en cuenta en primer lugar el
contexto y el entorno que la rodean; ya que actualmente, la realidad es
impredecible y compleja y demanda una educación posicionada en la historia, la
realidad flexible amerita una educación pluralista, la realidad sometida al
cambio permanente y profundo reclama una educación innovadora. Por otra parte,
las exigencias éticas del medio exigen una educación proactiva y los alcances
de la apertura y la globalización promueven una educación integracionista.
En otro
orden de ideas, la educación debe asumir una dimensión integral. Es así como
los diseños curriculares deben responder a alcances personales que promuevan la
autorrealización; sociales, que conlleven a una educación para la convivencia;
políticos que propicien una educación para la democracia e históricos, que
contribuyan a una educación para el desarrollo humano.
Las
nuevas tecnologías constituyen un aspecto de vital importancia para la
educación; pero por encima de éstas, la educación fundamentalmente requiere un
cambio de mentalidad y de una renovación de sus valores. La
educación es ante todo un proceso de formación de valores, de actitudes y
hábitos constructivos. De nada valdría hacer ciencia sin formar conciencia.
Si la
educación se orienta a formar personas tiene que proponer implícita y
explicativamente una serie de valores como lo son el respeto al otro, la
responsabilidad, el trabajo, la justicia, la solidaridad, la convivencia, el
amor y la disposición de servir.
La
promoción de estos valores con la predicación y el ejemplo conlleva a que los
educandos se conviertan en ciudadanos responsables en la toma de sus decisiones
personales, capaces de formarse juicios ante la realidad, respetuosos de los
demás, dotados de una sana autoestima y posesionados de sus derechos y deberes
sociales. Formarse es fundamentalmente construirse como persona, inventarse y
desarrollar todas las potencialidades. La auténtica persona se convierte en
autor de su propia vida cuando actúa de acuerdo a sus propias convicciones y de
manera responsable.
Para
esta perspectiva significaría reducir la educación a un conjunto de procesos
instruccionales que incluso podrían ser implementados sin educadores dados los
avances de la tecnología. Hasta el momento, el acto educativo refleja una
influencia innegable del positivismo; en este sentido, se le confiere mayor
consideración al resultado administrativo de la acción que al éxito de la
enseñanza propiamente dicha; se plantean los éxitos de las asignaturas por
objetivos logrados en la acción docente y por los juicios valorativos de las
supervisiones de los profesores a los profesores más que por resultados ciertos
en el alumno.
Es así
como no se ha mostrado interés en cultivar diversos hábitos y actitudes de los
alumnos y entre los cuales deberán destacarse la justicia y la prudencia. Uno
de los aspectos que conllevan a formar con disposición para la justicia es el
desarrollo de la capacidad hermenéutica e interpretativa ante textos de
cualquier índole y complejidad. Por parte, la disposición a la prudencia busca
perfeccionar la racionalidad de las personas. El cultivo de esta disposición se
concreta en tres rasgos humanos: saber escuchar silenciosamente, saber
informarse adecuadamente y adquirir la serenidad de espíritu ante situaciones
inesperadas.
La recontextualización también requiere ver al hombre como sujeto y objeto de los distintos procesos educativos y de una forma de concebir al mundo en su totalidad en la que el aprendizaje responsa adecuadamente al respeto a la persona humana y a su dignidad.
De igual
modo, se requiere formar a nuestros docentes de manera adecuada en su
preparación intelectual y en las competencias en el aula. El Estado debe
aumentar y racionalizar la inversión en educación; ya que no es suficiente con
crear infraestructura y mejorar la gerencia de los docentes. Es tarea
impostergable formar docentes que amen el aula, respeten a la persona humana y
esto sólo sería posible generando modelos educativos que tengan esas
características de respeto, competencia y honestidad intelectual.
De los
expresado anteriormente, se puede afirmar que solamente en la medida en que las
instituciones educativas promuevan y estimulen el continuo ejercicio de la
libertad, la responsabilidad, la participación, la crítica, el servicio y el
respeto por la vida, el respeto al otro, el reconocimiento de la cultura
regional, nacional y mundial y el pluralismo podrán formar auténticos
ciudadanos capaces de convivir en democracia. Sólo si los educadores se
esfuerzan por ser ciudadanos y convertir sus aulas en modelos de democracia
integral estarán educando para formar un sujeto ético en condiciones de elegir,
preferir y valorar. Es nuestra capacidad de elegir lo que nos transforma en
poder ser. La internalización de los valores nos prepara para una vida mejor. Al
actuar con sentido ético nos convertimos en seres prudentes en condiciones de
irradiar un pensamiento nuevo.
Ahora
bien, para la formación de un sujeto moral se requiere una ética para la vida,
la vida es el soporte de todos nuestros valores y precisamente la ética parte
de la necesidad de asegurar la vida. Al observar la realidad latinoamericana y
en particular la de nuestro país en la que se observan alto índices de
pobreza, desnutrición y desempleo deducimos que en lugar de vida tenemos
sobrevivencia, nuestros países están inmersos en una crisis global y
estructural.
El reto
de convertir a Venezuela en un país productivo con equidad interna; es decir,
sin perdedores ni excluidos exige respuestas de orden político, económico y
social, pero también respuestas educativas. Si bien es cierto que la educación
no va a sacar al país de la crisis, tampoco sabremos de ésta sin el aporte de
una educación renovada. La genuina democracia sólo es posible en el marco de la
justicia social, pues el primer requisito de la democracia es asegurar la vida
y el bienestar de todos. No es suficiente el crecimiento macroeconómico si no
conduce a la calidad humana de todos. La esencia del desarrollo debe consistir
en que todos los seres humanos vivamos mejor.
BIBLIOGRAFÍA
Ávila,
F., Francisco. (1997).
La gestión del conocimiento como factor inherente a la excelencia
universitaria. http://www.iamnet.com/users/ favila/gestión 1.htm. 17-11-2000.
Antolinez,
Rafael – Gadna, Pio. (1997).
Ética y educación. Editorial Cooperativa Magisterio.
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